Amor Liquido

martes 16 de noviembre de 2010


Queremos la libertad; queremos que los hombres y las mujeres puedan amarse y unirse libremente sin otro motivo que el amor, sin ninguna violencia legal, económica o física
Errico Malatesta






La libertad es una de las cosas que necesita el amor. No hay pero violencia que el amor por contrato. Y no necesariamente un pacto económico entre las partes, sino ese amor sintético que se vende hoy en día empacado en el supermercado de la vida.

El matrimonio es la primera forma de sociedad, pero también la primera libertad del hombre en Dios. Se es claro al decir que el casamiento es la refrenda de un amor puro, libre e incondicional entre dos amantes; no se puede pretender amar después del “si” del pacto de compromiso. Empezar amar desde este punto es tan absurdo como innecesario.

Y precisamente esta institución fue instaurada por la dureza del corazón del hombre, o mejor por la exterioridad de la ley de su conciencia. Emerson dice: “donde reina el amor sobran las leyes”, pero hoy en día reinan las leyes, y el amor está bajo este mal.

El amor líquido -término de Zygmunt Bauman- es uno de los problemas contemporáneos. El amor está en crisis. La fragilidad de las relaciones humanas hace que el compromiso desaparezca. El matrimonio o lazos profundos de afectos son asemejados a hipotecas. La individualidad, ese culto a la autonomía, combinada con el consumismo, desvirtúa todo romanticismo, para tratar el tema del amor como mercancía.

El compromiso no es el límite de la libertad, sino el radio de acción. La publicidad consumista ha creado nuevos significados de los valores tradicionales, abriendo nuevas brechas psicológicas en las relaciones sentimentales, pero unificado la preferencia del mercado.

Las propagandas de comida, electrodomésticos, cigarrillos y hasta gubernamentales, han dado muestra de esta brecha personal en las relaciones humanas. Un solipsismo exacerbado que impulsa a que las ganancias aumentan, y la vida se deteriora en un segundo plano.

Y de este solipsismo surgen la búsqueda errónea de una moral sintética, una moral sin inconvenientes, preveniente de una ética indolora, en palabras de Daniel Innerarity.

Pero el doble juego se hace presente, el del ser que busca su libertad en medio de una superficialidad sintética donde todos están dispuesto al cambio periférico pero no central y el “egobuilding” que es construirse así mismo, sin necesidad de depender de nadie, dando paso a un “ethos” de autosuficiencia, autoprotección, y autoproducción como el «Do It Yourself», hágalo usted mismo.

El amor es una libertad que concuerda en un modo, posee un lenguaje, un valor y una autonomía. Es una reciprocidad plural. El amor individual entra en el término conexión más que relación. En las conexiones cada uno decide cuando y como conectarse, y siempre puede pulsar la tecla suprimir.

En las relaciones fuertes, la economía tendrá una mayor productividad si es que se quiere hablar en términos económicos, porque el mayor peligro del sistema capitalista es la unidad, ya que en la individualidad las ganancias se intensifican.

Es más rentable para la industria vender dos televisores, que uno por pareja. En la individualidad dos camas se hacen innecesarias.

El amor solido sacara de la crisis al sentimiento donde está. Hombres y mujeres amando sólido, y fortaleciendo el ya desacreditado núcleo familiar.

Y quien piense que el amor es solo un sentimiento, o una emoción debe entender que este no es una fuerza vaga o irracional, que está por encima de cualquier decisión racional; el amor constituye un tipo de razón a partir del cual la persona determina actuar.

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