Causa Primera

sábado 25 de diciembre de 2010

En el éxtasis de la soledad encontré a Dios y su mirada se convirtió en la filosofía más profunda que metamorfoseo mi existencia.

Atropellado por la libertad, confundí la apariencia con el ser, y en ese espejismo se desvaneció la humanidad prometedora de la continuación.

Creer vivir eternamente en la intelectualidad fue la madriguera del conejo, la maldición por amor de Medea, la ilusión de Regina Olsen frente al rompimiento del compromiso de parte de Danés Soren.

Una eternidad en el “ya” pero “todavía no” confirmo que la acción es tan limitada como eterna; respirar, vivir, amar, sentir, llorar son las acciones emergentes de una eternidad humana.

Las causas de estas acciones son mas configurantes que el termino humanidad.

Esas causas se ignoran, ya que vienen a ser como el precio de un producto y no el producto en sí.
Encontré a Dios en la causa primera, encontré a Dios en la acción y en la humanidad.

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