
-Estoy segura que es una composición de Charlie Parker, si no me equivoco es “My Old Flame”, decía Paloma; y por un momento pareció neutralizada por tan suave sonido cultural; cuando todos avanzaban como si los llevara un rio abajo, ella se paralizaba ante tal meditación.
¿Pero quién hace sonar tan melancólicamente este sonido del Bird “pájaro” en este amarillento metro de Santiago? Preguntaba ensimismada, reflexionando, disfrutando de la melodía, y encantada como por el flautista te Hamerlin.
Hurgando entre la multitud para averiguar quién era tal autor, camino sigilosamente y en el pasillo de espera encontró 5 mil pesos chilenos, una “mistral rosada”, ya que estaba estampado con la cara de la poeta chilena; se agacho, los tomo, pero le llamo más la atención el sonido tan especial que hacia tan diferente la línea L1 del metro subterráneo.
Camino tres pasos más y, detrás de una viga industrial estampada con afiches citadinos, diviso a una mujer que tenia ojos lastimeros, un rostro triste y un aspecto físico desgastado. Sintió pena, pero la pieza de Jazz era realmente maravillosa.
Vio el cuerpo y alma de ella forrada de revolución; estaba con un polera roja estampada con 4 imágenes surrealistas: el Che Guevara, Camilo Torres, el Padre Hurtado, y Hugo Chávez.
Mientras hacía clamar el saxofón, cerraba sus ojos como si estuviera en un trance peyotico. Fue una impresión tan fuerte que hizo exclamar a Paloma que una pasión se estaba gestando en el vientre del metro citadino.
–no entiendo de Jazz, pero este sonido me hace sentir viva en medio de esta multitud sedienta de subir al metro y bajarlo sin ni siquiera sonreír.
Me expreso paloma, como haciendo una confesión liberadora de culpa, ante la indiferencia cultural. En realidad sé quien era paloma, una mujer enteramente sonora, ósea conocía el poder de la armonía humana, de la música melódica que hace que el ser humano enardezca sus pasiones, como por ejemplo la música de los sacerdotes de Cibeles en la mitología griega, años atrás había hecho un ensayo sobre eso.
También disfrutaba leer “viva la música” de Andrés Caicedo, y alguno que otro libro del tema, pero en realidad le parecía absurdo leer sobre música; la vivía escuchándola, la aprendía disfrutándola.
Musito en voz baja
-La vida sin música seria un error, y que error la música con letra. Todo cambio, cuando la voz intento imitar el estilo o la esencia para acomplejar y adiestras a las masas, como Pinochet que siempre hacia entonar el melancólico himno nazi de Lili Marlene.
Así como Charlie Parker era el mismo pájaro en su jaula, así esta mujer con aspecto famélico parecía ser la saxofonista melancólica en el vientre del subterráneo de Santiago.
Paloma llena de emoción al escuchar el sonido más alto del saxo, y sin meditar más entrego los 5 mil pesos, la “mistral rosada” a la mendiga saxofonista en el metro de Santiago.
Nada hacia la diferencia en ese metro en la mañana de diciembre, solo la música del alma, la cara apasionada de una indigente y una alienada por la sociedad, que encuentra su libertad en los sonidos del “Bird”.
Mientras concluía “My Old Flame” las personas con ropas multicolores se agolpaban para cruzar la línea amarilla que les introduciría en el vientre de los vagones ignotos y blancos y sin ninguna diferencia.
La Paloma volaba, el metro la llevaba a casa, y el “Pájaro” seguía cantando melódicamente en el metro de Santiago por unos cuantos pesos chilenos, lejos de casa y lejos de la libertad.




0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada