Escribo no para que nadie me lea, sino para leerme a mí mismo en un futuro no muy lejano; siempre seremos esos libros abiertos, a la espera de una relectura, porque nadie conoce los capítulos más que cada persona misma; así que somos ante los ojos de alguien una relectura, y ante nuestros propios ojos una lectura consumada.
Me reiré de esta, mi “boutique” personal, al no encontrar nada más concreto para hacer en esa maldita edad llamada “vejez”, que jugar ajedrez, lanzar pan a las palomas desde un quinto piso, sentarme en un parque a catar un vino tinto o un café, hablar de política, incontinencia senil y de cabras chicas esculturales.
Vejez es el termino más decente que se usa en la nueva jerga como sinónimo de “sepultar”, pues es en esta temporada, o estado, donde te entierran en vida, y vales callampa para los cuales te entregaste a amarlos sin esperar nada a cambio, por el solo vinculo social del aferrado término “familia”.
Si en mi juventud hice parte de las ideas revolucionarias de Salvador Allende, si agite las banderas socialista en mi empresa, o si enliste los grupos armados que conformaron el golpe de estado de Agustito Pinochet, arrestando “comunistas”, matando personas en nombre del libre curso económico, no quedo más que aire y furia, después de tales acontecimiento a-historicos.
Lo confieso, fueron momentos viscerales, donde comer era más importante que creer, o “comemos o morimos” era el lema, y con orgullo se llevaba el pan a la mesa, a costa de muchos muertos en el erradicado plan socialista de Allende.
Pero son remembranzas, que viven en mí, nadie las recuerda tanto como yo, esos viejos tiempos no regresaran, ni tampoco quiero que regresen, bastante tengo con los fantasmas en el presente. Y las cosas hoy en día no son como parecen, creer que la historia nos conduce hacia algún lugar, es tener la espada de Damocles encima, ósea estar siempre expectante ante lo trágico.
Ya el viejo libro mencionaba “por causa de la maldad el amor de muchos se enfriara”. Y atina el proverbial dicho para una generación tan plural como la actual, donde la pérdida de los valores y la construcción de otros nuevos es algo casi mecánico.
Ayer escuche un joven que mientras comía mote con huesillo en la plaza de armas, le proponía a su polola casarse en un Mc Donald’s, le decía: Francisca, aceptas casarte conmigo en un “Mc Weddings”, ella respondió entre dientes, acepto, pero ¿Qué es eso, acaso una marca de carro?, bueno, no sé qué es, pero te acepto, te amo; y besándose seguían comiendo a lo chancho.
Como un coleccionista de antigüedades, me gusta de vez en cuando desempolvar mis recuerdos guardados, y contemplarlos hasta extasiarme de ellos; Es verdad que siento asco por el pasado, y no precisamente por una mala “racha” o una macabra historia familiar, sino por creer que tengo un pasado, de auto engañarme y creer que existe un “atrás”.
No creo que a nadie le interese leer algo sobre alguien que quizás es nadie. Esto es, a una persona que no está habitualmente disciplinada a escribir, porque casi nunca estoy en periodos de soledad para inspirarme a escribir sendas novelas e historias como lo hace Chuck Palahniuk , Salman Rushdie o más cercanamente acá en chile Isabela Allende.
Mantengo entre las personas y eso ya constituye de por si una novela misma. Inmerso en un mar de circunstancias que no serán registrados por ojos observadores sino por memorias imborrables, de esas que atesoran cosas para un día desempolvar y dar lustro con lujo de detalles parafraseados.
Suena como un trabalenguas popular, pero la realidad tiene más peso, que cualquier sabiduría proverbial que las personas entiendan.
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