Los Malditos Sueños

miércoles 28 de septiembre de 2011

El Señor M No había podido dormir bien esa noche. Una mezcla entre sueños raros y rumores del fin del mundo lo ponían en estado de insomnio. Sudaba al pensar y al soñar, ya que las dos cosas parecían confirmarle lo mismo.
Uno de los sueños era un collage de varias escenas; uno era una mujer azul que tenía un solo ojo, que le perseguía por una azotea de un rascacielos, en el otro era un escritor famoso que disfrutaba de descanso mientras alguien descargaba su novela por internet y la publicaba con otro nombre, y el tercer sueño parecía no tener relación con los otros dos, ya que veía 4 ratas asquerosas, la primera era muy gorda, las dos siguientes estaban muy flacas y la cuarta estaba ciega.

Consintió esa noche  en dejar encendido el teléfono BlackBerry  y en conexión a internet con enlace abierto a Facebook, para estar al tanto de cualquier novedad telúrica.

-mi amor si se acaba el mundo que sería lo último que harías. Pregunto entre dientes a su esposa, la señora J, mientras de medio lado la miraba de reojo.

-La verdad Martín, lo último que haría es no entrar a esa maldita red social para que determine mi estado de ánimo, y además entre otras cosas ese ridículo color azul parece de niñitas, nos revelamos contra Dios porque es autoritario y cuadrado, pero nos conformamos con ese azul niñita del perfil de Facebook, porque no protestamos que sea rojo o de otro color, creo que el problema está en el corazón humano, no en la tonta mente.

-Ahhhh Jodis, te estas poniendo moralista, no me gusta tus respuestas filosóficas, me encantarías que te limitaras a responder algo sencillo; mira que he tenido unos sueños de mierda que no me dejan en paz, en especial esas 4 asquerosas ratas de alcantarilla mirándome con esos ojos vidriosos y rayados.
Respondió enojado el señor M, y enojo más a la Señora J.

Y añadió M  - Estoy por creer que el fin del mundo lo estoy empezando a vivir contigo acá en la cama.
-Para que te casaste entonces. No tengo la culpa que seas tan supersticioso y tan lleno de miedo por la vida y la muerte y que los vicios digitales te transformen.

Aunque…..

-Aunque que Jodis respóndeme, acaso quieres que nos divorciemos.
Prosiguió la señora J. Aunque creo que ya estás muerto entrando todos los días a ese Facebook donde las personas tienen ojos y no ven, oídos y no escuchan, manos y no hablan, pies y no caminan.
-Upsss… de donde sacaste eso, acaso me estas espiando por Internet. Repuso M con un todo entre asustado y enojado.

-No, solo te lo digo, y si reaccionas así por algo será.

Esa noche hablaron desde la 1 a.m. hasta las 4:45 am sin parar, e inconscientemente, se conocieron más esa noche que cualquier otra día de sus vidas de casados. Si bien no solo los unía un anillo, también los unía algo en común, la superstición frente a los agüeros de la vida, los aciertos y los desaciertos. Y la señora J no se quedaba atrás con las redes sociales, su membresía de amigos en Facebook era de 1233 amigos, y los seguidores de Twitter eran 894.

Después de amanecer, y ante la “noche de perros” como el mismo señor M la había llamado, decidió ir donde un hipnotizador ya que creía que este podía explicarle los sueños que había tenido que no le dejaban en paz.  No creía en agoreros, ni brujos, mucho menos en lo psicólogos, prefería la hipnosis porque le parecía que se ajustaba más a su perfil sociológico.
Un día antes había renunciado al trabajo, mandando a la mierda al jefe. Se animó a hacerlo porque el fin del mundo estaba a la puerta, así que sin pensarlo, solicito una entrevista personal y saco todos sus rencores laborales contra su jefe impersonal e inmediato, en la empresa de automóviles donde trabajaba como promotor de ventas y atención al cliente.

Entro al consultorio del Doctor L y sin mediar palabras se acostó en la silla freudiana, y comenzó a preguntarle en forma desordena  al doctor.

-Linneo, Perdón doctor Linneo dígame
-Porque Miguel Ángel pinta en la capilla Sixtina a Adán creado por la mano de Dios, pero los compuso con un ombligo Acaso había alguna conspiración.

-Donde vio eso señor….. Dejo la pregunta en suspensivo el Doctor M

-Martín, dígame Martín o como mejor se sienta, dígame como quiera, pero no me llame por un número que me sentiría un enfermo o un preso de algún campo de concentración.

-Está Bien señor Martin, dígame donde escucho eso que me acaba de relatar de Miguel Ángel, acaso en algún libro de esos sensacionalistas de Dan Brown o Pablo Coelho.

-No Doctor, no lo leí, no sé de dónde lo saque, solo por un momento pensé profundamente al respecto, es que no me cuadran últimamente las cosas en la vida, vivo angustiado con el fin del mundo, sueños con mujeres azules, con plagios, con ratas, quiero una explicación a todo esto.

Cálmese,- pidió el Doctor L -  cálmese, que estoy acá para ayudarlo, no tenemos prisa, vamos pregúnteme lo que quiera pero al final le solicito que me escuche a mí,  está bien.

-Está bien Doctor. Contesto tímidamente el Señor M.

-Siempre he querido saber porque le tengo miedo a la muerte, porque no me siento pleno en la vida y todo es pregunta sobre pregunta, he querido siempre bajar de peso al menos unos 25 kilos, pero ninguna de esas cosas puedo responder o hacer. Además un maldito sueño de 4 ratas no me deja en paz.

-¿que ha comido últimamente?

-Perdón doctor ¿qué tiene que ver esto con lo que me está pasando?

-Mucho.

-Insinúa que algún condimento es el causante de mis desgracias juntas.

-No para nada, solo es una pregunta de rutina. Con voz médica y suave pronuncio estas palabras para tranquilizar al señor M.

-La verdad solo desayune pan de centeno, mermelada y queso de Cabra, un café oscuro y un yogurt light. Dijo calmadamente y continuo con el bombardeo de preguntas.

Pero doctor dígame que está pensando de mí, no quiero que me escuche más a mí, quiero escucharlo a usted. Grito con todo inquisidor Mario.

-Está bien relájese un poco, -Pronuncio el Doctor L- y con su larga mano, lo tomo de los hombros y lo acostó de nuevo en la silla terapéutica.

-Descanse, cierre los ojos, piense por un momento en un color, umm… puede ser azul, que tal un azul claro, si un azul marino, que tiene olas, y entre esas olas vienen saltando delfines rosados….

Mientras continuaba con la terapia hipnotizadora, al Señor M se le adormecían lentamente los parpados, se le ponían más y más pesados, como si de una cortina de hierro se tratase.
Dejo caer suavemente sus manos sobre la alfombra de alpaca que tenía el doctor en el consultorio, y los pies en forma recta hacía del señor M una figura dormida como de un cristo crucificado.

-Ahora dígame –pregunto el Doctor Linneo- como se gasta el dinero de su pago mensual.

El señor M susurro lentamente como con tono ebrio.

Mi esposa no lo sabe, pero siempre voy donde el tabernero, me tomo un whisky, no un vaso sino una botella, y mientras tomo hablo con el barman, el cual me produce paz porque me escucha, pienso que es el único que me entiende. No necesito hacer el amor con nadie, solamente que me escuchen, que me entiendan, eso para mí es un orgasmo.

-Umm ya veo, respondía suavemente el Doctor L.

Con que frecuencia vas donde el Tabernero.

-Casi todos los días.

Está bien confirmo el Doctor.

Ahora dígame como es su trato con su esposa, la señora….

-La Señora J, dígale así. Contesto curiosamente el señor M como si se tratase de alguien que aunque tenía los ojos cerrados no despegaba su oído de lo hablado en la sala.

-Gracias Señor M, dijo sin asustarse el Doctor.

Como es el trato que tiene con la señora J y su Hijo.

-La verdad Linneo... ¿le puedo llamar así verdad?

-Por supuesto siga usted no más contándome.

-Mire Linneo, la verdad es que mi suegro, el papa de Jodis le dejo una herencia a ella, la cual no quiere reclamar porque según algunos familiares si la reclama tendría que compartirla conmigo, y por eso no osa demandarla para ella.

Y por esa razón siempre le digo a mi esposa que no tengo dinero, al punto que no compro ni mercado, ni remeza para la casa, claro, ella no sabe que yo siempre voy donde el tabernero a pedir consejo sobre estos temas y demás.

-Pero ellos estan entonces bien. Pregunto el doctor.
-Mire algunos dicen que ellos están muy flacos, que han caído de peso y no es para más pues la verdad comemos una vez al mes fuera de casa y yo salgo en la mañana y llego en la noche, así que no sé cómo se las arreglan para comer.
-Ok ya veo.
Y una última pregunta, -se atrevió a pronunciar el doctor- como se ve usted mismo.
-Doctor, yo soy la mejor persona del mundo, no tengo problemas con nadie, soy un hombre trabajador, mi esposa me ama, y tengo un estatus social aceptable, aunque creo en supersticiones aún sigo creyendo en Dios.

Al cabo de 45 minutos de sección, sonó el reloj a las 12:45 y el doctor le levanto suavemente de la silla, muy despacio hasta que puedo volver en sí.

-Doctor dígame que me ha pasado, ¿qué horas son?
-las 12:46.
-Tanto tiempo, Doctor que paso, no me acuerdo de nada, podría ayudarme.
-Claro tome asiento, y escúcheme con calma.

El doctor Linneo le dijo con sabiduría:
“Señor M, usted tiene tanta fuerza física y de voluntad como para ponerse a dieta o como para robar un banco, eso quiero que lo tenga en mente para que pueda emprender la dieta para perder esos 25 kilos que tanto soñó, y en cuanto a sus sueños, creo que le tengo la respuesta”

Sin despegar la mirada del doctor como si se tratara de un predicador, o un político, no parpadeaba porque por fin iba a darle final a la psicosis producida por esos sueños sin principio ni final.

-Doctor no me encubra nada, dígame lo que tiene para decirme no lo que yo quiero oír.
-Está bien, quiero empezar por el sueño de las 4 ratas que tanto le roba el sueño y la paz.

Mira, la primera rata gorda, es el tabernero de la 52 donde usted va a dejar todo el dinero que gana  en el mes, él se engorda a costa de su debilidad; Las dos ratas flacas, son su esposa y su hijo, que los tiene aguantando hambre, con la falsa excusa de una herencia de ella, que no existe en realidad, y la cuarta rata, la ciega, eres tú,  que no quieres ver la realidad de tu vida, y mides todo por lo que los demás piensan.
Antes de que terminara el Doctor de decir y explicar todo sobre la cuarta rata, El Señor M salió corriendo sin pagar la consulta, llorando como un niño y gritando.

Algunas personas al verlo en ese estado se asustaron y se hacían a un lado para resguardarse de algún ataque psicótico del señor M.

El doctor sin decir palabras, se paró de la silla donde estaba, miro a su secretaria y con las cejas le hizo señas de que cerrara la puerta, y en su DVD reprodujo una película titulada: “Satán en los Suburbios”.

El Señor M agredió un policía, le arrebato su arma y en su desenfreno entro a un banco para asaltarlo, y en menos de un minuto, estaba rodeado de muchas patrullas, los cuales le dieron captura en menos de un instante; sin permitir que el señor M cumpliera su objetivo de robar dinero de la bodega principal, que curiosamente se abría en esa misma hora.

El señor M fue condenado a 4 meses de prisión por tentativa de robo, tiempo en el cual recapacito mucho, ya que no tenía acceso al Facebook, al Hipnotizador, y ya esos malditos sueños y miedos no lo transformaban ni le robaban la paz.

Cuando el señor M salió de la correccional, curiosamente había adelgazado 25 kilos, y en ese momento levanto su mirada al cielo y dio gracias por todas las cosas que le había sucedido.

Al día siguiente lo público en el muro de Facebook, y el primer  “Me gusta” de los 47 que le pusieron en menos de una hora fue uno de un personaje llamado Linneo García.





0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada