Ephemerides

jueves 27 de octubre de 2011


Lo Efímero

Libro abierto, entre comillas “Ephemeroptera”: Insecto ephemero o cachipolla, insecto antiguo que en su fase adulta solo tiene una existencia de algunas horas o días. Emergen al atardecer y por la mañana han muerto; su única misión es el apareamiento y la puesta de los huevos; otras viven hasta una semana. El apareamiento tiene lugar en el aire.

Dentro de una ráfaga de hojas descubrí que efímero viene del griego “ephemeros”, que significa, que vive un día. Vivimos un día a la vez, una acción, una mirada, un pensamiento no son redes tejidas sino hechos aislados, no se mira hoy igual que ayer. Lo eterno se compone de lo efímero, no se llega al uno sin el otro. La clave es la vida vivida un día a la vez, el resultado: o eterno o efímero.

Un Día

Siempre tan sola. Tan universal en su mismo criterio y ante su propio espacio, tan enferma de esa patología social que nos detectaron a todos desde hace 20 años atrás: Soledad. Relee la frase de Thoreau  como si fuera una cita bíblica: “Vida ciudadana: millones de seres viviendo juntos en soledad” y reproduce cada palabra lentamente frente al espejo que tiene en su cuarto;  delinea con su dedo índice su pequeña boca, y cuando se mira el rostro, se reconoce muy poco, sufre de prosopagnosia.

Se sorprende, su rostro cambia cada día, cree que le aparecen nuevos lunares en su tez y se pierde en etéreas filosofías cuando trata de delimitar que partes de su rostro las heredo de su papa y cuáles de su mama, para al final concluir de una forma desilusionada de  que no se parece a ninguno.

Su rostro es el resultado de su pensamiento, lo mira, lo toca, sigue usando todas las noches esa crema de baba de caracol, que no sabe para qué diantres funciona, y usa antifaz y tapones de oídos para dormir.

Pero los cambios que experimenta son internos. Es una metamorfosis del alma que sufre por los pensamientos que tiene de ella misma;  “Las cosas no cambian; cambiamos nosotros”, las monedas seguirán siendo monedas, no se es billete por el solo hecho de pensar que hay un precio extra.

El Nombre

Meleie Rioboo, es su nombre; un nombre que al pronunciarlo no se necesita más filosofía que la que se dice al pronunciar tan rimbombante sonido gutural. Es toda una confusión lingüística. Cuando le preguntan cuál es la etimología de su nombre, se limita a enmudecer y a fruncir su entrecejo.

Calla, maldice en su interior, porque no estuvo allí con voluntad propia cuando sus progenitores decidieron ponerle tal apelativo. Nadie escoge el nombre, solo nacemos automáticamente a contra de la voluntad y vivimos en una voluntad prestada, sí tuviésemos suficiente voluntad, casi siempre tendríamos medios suficientes para alterar el libre albedrio de las cosas.

Algunos han querido insinuarle que su nombre es una adopción comercial para tener algún tipo de nacionalidad extra, por ejemplo el fraude de Ecuador y Perú con las visas para emigrar a Asia. Era común en Quito escuchar nombres como Pedro Furiyama, Carmen Yukio o Carlos  Yamazaki, y en Lima a Juan Takanashi, Pablo Oka, o Andrés Harada.

Sonríe e ignora las presuposiciones, el nombre no le importa, lo importante es que a Meleie le gusta leer libros en el metro de Santiago y se siente bien con eso.  Aunque le aburre ver un metro tan lleno de gente como de sueños, de esperanzas y transacciones vanidosas, de hombres y mujeres creyentes del retorno. La ciudad es el único lugar donde el hombre tiene ese sentido de regresar, ir y regresar como un autómata, utópico, sediento de libertad.

Cabellos de todos los colores, rostros diferentes, ropas multicolores; cuantas historias existirán detrás de esos ojos claros, de esas caras pálidas y aburridas, lampiñas o barbudas, de estos viajantes del retorno dentro del ciempiés metálico.

La vida es la mejor novelista. Es la que se encarga de enseñarnos que todo tiene un fin sin comienzo, y que cada acto de pensamiento o acción, es un párrafo más de la introducción, o unas líneas del colofón.

Si tuviera que darle explicación a todo, nada tendría sentido, así que ignora las deducciones sobre ella y el mundo,  y comprende que ahora su universalidad posee limites en la capital del país. Leer es una especie de vida dentro de la vida. Le apasiona la lectura desordenada de los escritos desordenados de Chuck Palahniuk. Y sonríe cuando lee a Marx Groucho decir: “Encuentro la televisión muy educativa. Cada vez que alguien la enciende, me retiro a otra habitación y leo un libro. Por eso no  recurre a la televisión para conocer el escote de la vida pública de las personas, solo le basta ojear algunos libros de Fughet, Roncagliolo, Licitra, Mendoza, Costamagna, Letelier, Ampuero, Titinger,  y se dará cuenta inmediatamente que estamos en la era de la copa medio llena.

Una sola vida a vivir, y la vivimos medio vacía  y temerosos. Apelando siempre a la originalidad y lo auténtico, los mass-media nos venden las modas que nos uniforman a todos; ¿Cómo ser únicos cuando usamos el mismo calzado, los mismos colores en la ropa incluso hasta el peinado?, que alguien me explique algo, porque no entiendo nada.  A la copa de nuestra vida le falta lustre, brillantez, gusto y sonido.

El Metro

Para llenar esta copa, ella escucha a Keane. Keane la interioriza con su tonada, ella mira hacia adentro y se encuentra tan vacía de sí misma y tan llena de otros, que decide subir la escalera y ver la luz que siempre estuvo ahí como la lámpara redonda y amarilla que alumbra toda la habitación y que cuelga de la nada.

Keane dice en su canción Bedshaped, con un tono suave y místico a la vez: 

“Llamarás a mi puerta
E iremos hacia arriba
Hacia la luz blanca
Yo no lo creo
Pero ¿Qué se yo?
¿Qué se yo?
¡Lo sé!”

Cierra sus ojos, y alucina subir al sol, ese sol vital que es el que ilumina el mundo de encima y que cuelga del cielo;  el sol es un sueño, y no hay nada en ese sueño que no sea iluminado por la lámpara, la lámpara es real, el sol es nada más que una historia.

Termina la música, y hace un silencio terrible, abre los ojos y le da nausea conocer tantas historias nauseabundas de personas decentes. Fuguet y las historias suburbanas de los jóvenes de Santiago, Roncagliolo con sus inéditas historias de putas, Licitra, y la otra cara de conurbano bonaerense, Mendoza y la Bogotá muerta, fría, estéril, vagabunda pero estéticamente hermosa, Costamagna y la decepción del amor del hombre para el hombre y la exaltación del amor por los animales, que son más personas que las gentes, Ampuero, la verdad no sé qué escribe este tipo, quizás un Corín Tellado moderno, y Titinger con sus peruanadas, Dios es Peruano, Dios es Peruano.

A la mierda con tantas vidas falseadas y pensamientos pseudomodernos. No entiende porque si hay tantos intelectuales, las cosas no mejoran; el problema son los Esnobs, sobre esos ridículos que piden vino diciendo: mozo tráiganme un "Chassagne-Montrachet", que montan metro y se jactan de tener un Lexus RX 350, el problema es la traducción de significados, efímero no es eterno, y eterno no es eterno.

La Vida

La vida vivida en un día, es tan eterna como original. Meleie sonríe, no puede saber de dónde proviene su nombre; sale del metro concluyendo la poca seriedad de la vida en las personas. Media vida vive el hombre, adormecido socialmente, y la otra mitad de su vida la pasa durmiendo cada noche. Cada uno es feliz; si es que la felicidad existe que la encuentren, como dice Camus: “la felicidad es como cuando un preso esta ante el juez compadeciendo por un crimen,  la actitud: niéguelo siempre” así es la felicidad,  hay que negarla. La vida no es felicidad es eternidad en lo efímero, cada día es felicidad consumada, vida eterna.

Cada mañana una cachipolla muere, y nace un hombre. Esta mañana divise una muerta en el marco de la ventana exterior, la tome en mis dedos y la solté al aire y dije para mis adentros: “Vida ciudadana: millones de seres viviendo juntos en soledad”, piérdete en el aire, y vive con los tuyos, con los que te esperan, después de cumplir con lo efímero, con lo diario. Meleie Rioboo es lo efímero, es una Cachipolla en Santiago de Chile, es una vida diaria, que produce pensamientos en el aire, y que cada día muere un poco.

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