AmOR namental
lunes 5 de diciembre de 2011
El deseo es un impulso de destrucción
Sygman Bauman
Ah, y nada de besos en la boca, eso no forma
Parte del servicio.
Circulo
Matias Iglesias
Glenys es una mujer de 28 años y no sabe porque se llama así, ni que se hace cuando se tiene esa edad. Es la edad donde el aprendizaje de los años juveniles, parecen ya identificarlo a uno. Es donde la juventud se une con la adultez. Pero ella no sabe eso.
Lo único que Glenn sabe es maquillarse, se lo enseño su mama, y a comprar comida enlatada o a domicilio, vicio de su padre, para servir en ocasiones especiales, robándose siempre los créditos del chef pagado.
-Deliciosa la cena. Dice Gallin. Un novio que se consiguió por internet.
-La prepare especialmente para ti. Dice Glenn -como le gusta que le llamen- mientras saca a la basura las cajas blancas con la inscripción: “Después de abierto, calentar en el horno microondas 5 minutos.”
-Vuelvo enseguida Gall –como le dice a Glenn que le diga- voy al baño.
Una mujer en el baño, es como un profesor en su aula, o un feligrés en la comunidad de los elegidos. Glenn va sola. Una rareza. Es la primera mujer que va sola a su universo.
Gall, no es estúpido, sabe que esa comida no la preparo ella. Las mujeres bonitas no cocinan bien. Y si llegase existir tal combinación, -belleza y sabor- es por una equivocación en la naturaleza. Glenn es hermosa, por eso lo duda, pero la hace sentir la reina en su casa.
Gall se abstrae pensando mientras come su pollo mandarín bañado en salsa negra de ostiones: “No entiendo porque ellas van acompañadas al baño”, y recuerda levemente un anuncio en un canal italiano de un producto llamado: “Gemelas”. Que eran dos retretes unidos para baños de “féminas”.
En su universo Glenn, toca la parte superior de sus labios y se estremece al pasar su delgado y blanco dedo por un terreno árido y agrietado. Siente una acidez facial. Tiene los labios abiertos como tierra sedienta, y automáticamente arruga la frente como señal de disgusto:
Se mira desde todos los ángulos en un pequeño espejo que parece una ostra.
-Que horrible cara, parece lavada con legía, y estos labios más secos que lengua de camello egipcio. Maldición, por eso quizás Gall comía tan despacio y me miraba tan indiferente. Sonríe, le parece curioso que le haya gustado la comida, se alegra por eso. Pero la entristece su aspecto.
Saca inmediatamente de su pequeño bolso color lila, una barra de manteca de cacao, atiborrada como cigarrillo de borracho, y con un color bermejo. Se lo aplica por toda la superficie de los labios, se siente mejor. Su propia imagen pasa de un rostro y unos labios parecidos a los de A. Winehouse a una suavidad como la de Adele, cuando entona: “Someone Like You”.
Él no la mira indiferente, solo que mientras come puede pensar. Esto también es una rareza. Es lo que le llaman, “La Escolástica Posmoderna”, que es una imitación de Tomas de Aquino. Este mientras comía, leía filosofía, y como postre, escribía sendos tratados teológicos.
Gall es el buey mudo en Chile. Es un gordo de 95 kilos, y tiene un año más que Glenn. A ella le encanta que él le diga: “Mi amor, esto –Mientras se toca sus brazos y sus piernas- son 95 kilos de pura pasión”. A ella le fascina las bromas que se hace a sí mismo. Esto le muestra a ella una persona madura emocionalmente.
Glenn se demora en el baño. Es típico de la libertad de ellas, sentirse dueñas del tiempo y del hombre. Y que persona no se deja seducir por una buena cena o unos provocativos labios, jugosos, carnosos y pasionales.
Después de comer, Gall toma el periódico L.U.N, le echa una mirada a la portada: “Capturada la Hanna Montana Chilena”. Sonríe. Le pone saliva a su dedo y se dirige a la página 16 donde esa la noticia titular.
“Capturada después de una intensa búsqueda Johana Martínez, apodada la Hanna Montana chilena. Antes que la esposaran, le solicito a los carabineros que le dejaran maquillarse un poco, ya que tenía una ojeras de la noche anterior que había carreteado -rumbeado-. Después de ponerse los polvos fue capturaron y procesada por hurto calificado, estafa y complicidad en asesinato de segundo grado.
Antes los tribunales de justicia, Hanna Montana le dice al juez de sala: “Su señoría puedo maquillarme; ponerme un color rosa en mis mejillas, mascara de pestaña y un poco de polvo facial, para recibir mi sentencia”.
Gall cierra el periódico.
-Que superficialidad, quien se arregla la cara, para pasar 20 años en cárcel.
Suena la puerta del baño. Se abre lentamente, y nota una mirada por la puerta entreabierta son los ojos de odalisca de Glenn, y de pronto, se asoma un hermoso rostro espectral.
Sus labios frescos son un respiro nuevo a la estética, como una bocanada de aire para los pulmones. Si algo la aterroriza es perder la finura de sus labios, la suavidad que le permitirá conseguir al hombre que desea, y que la descubran que no sabe cocinar. Leyó un maldito artículo titulado: “La Cocina de Menina” donde decía que una mujer que no cocina, es por qué esta cruda. Sonrió, pero pensó sobre esa aberrante definición de la mujer por la utilidad gastronómica.
-Mierda, desde cuando nos definen por el tipo de aceite que usamos, o el arroz, o la carne. Con enojo femenino, lanzo la revista al tarro de la basura.
-Mi amor me veo linda. Le pregunta a Gall. Más que linda mi amor, tu boca se ve tan suave. Se queda mirándola fijamente. Pero se desconcentra, por un rechinar en su estómago, un canto intestinal.
-A propósito, exquisita tu comida, ¿dónde aprendiste a cocinar este rico pollo, Tailandés, o Chino? La pregunta le aflojo el estómago a Glenn y.
-Ay. Exclama Glenn.
-Que te pasa mi amor.
-Ay, el baño.
-Necesitas el baño, dice Gall.
-Sí, ay. Y regresa de nuevo al wáter, cierra con pestillo y maldice de nuevo, mientras piensa la historia a inventar.
No puedo decirle que tengo un pariente asiático, soy rubia y no me creería. Nana no tengo, tampoco me ha visto hacer ningún curso de comida internacional. Suda. Se da vueltas en el baño, como un condenado en un presidio. Eureka! Exclama. Ya sé que responderle.
-Toc, Toc, Toc. Mi amor te encuentras bien. La pregunta más estúpida, piensa ella, pero responde en tono conciliador.
-Sí.
-Te pasa algo grave, puedo ayudarte, puedo entrar.
-No, no entres, es solo un cólico, nada más.
-Te visito pacho -el mes-
-¿Quién?
-La menstruación mi amor.
-No, como crees. Ya salgo en un minuto.
Gall, presiente que a una mujer hay que hacerle las preguntas correctas para tener las mejores disposiciones.
Por eso mientras espera afuera del baño, trata de olvidar la pregunta de la comida, e intentan pensar en otro tema otro tema de conversación, para la noche.
Glenn antes de salir, y como para olvidar la pregunta insalubre de la comida, piensa en la hermosa dentadura del Gall. Y se le viene una idea reveladora.
Piensa que si para los hombres la sonrisa es la identidad que los caracteriza, para la mujer los labios, deben es el epicentro de la conquista.
Habla con su voz interior, con su “daimonion” personal: Los hombres se fijan en la boca de las mujeres, la asociación con algún tipo de organo sexual.
Y prepara una redada para evadir la pregunta de Gall.
Gleen tiene claro lo que ellos piensan de este redoble exterior, lo leyó en la revista “Cosmopolitan” el mes de agosto; Le encanta esa publicación porque puede comparar su propio cuerpo con los de las personas que salen allí; por ejemplo en la sección “hot” de Agosto, le llamo la atención el tema: “El derrieré: ¿el nuevo objeto del deseo?” y tomando la revista en su mano, poso frente al espejo y suspiro pausadamente. Anheló por un momento tener el derrieré de Jessica Biel, y casi vomita al ver el trasero de la material girl: Madonna.
Tiro la revista a la basura, y le dio consuelo el pensar, que al final Fotoshop es el autor de los realces del derrieré, y que el trasero de Madonna, vale un dólar.
La manteca de cacao ya no es suficiente, es necesario la artillería pesada,, y saca de su cartera lila, el Color Fever en 112 de larga duración y brillo sensual y se lo aplica en los labios. Ahora si hay una resurrección de ánimo y sensualidad.
Glenn sabe que una mezcla entre su mirada de odalisca y el movimiento de los labios a lo estilo Angelina Jolie comiendo fresa, era la formula exitosa para ganar el favor de Gall. Tenía ante sí la única oportunidad de su vida, a Gall. Nunca tuvo buena suerte para los enamorados. De los 15 a los 20 años, le rondaba en su cabeza unos pensamientos enanos y solitarios: ¿me quedare vistiendo santos?, ¿el amor tocara mi puerta algún día?, ¿Será cierta esa canción de Gilberto Santa Rosa, de que detrás de una gallina habrá un gallo?, ¿seré hermosa, o solamente seré una pispa? Y a propósito de gallos y gallinas, se acuerda de un chiste que leyó en la red social y sonrió sonantemente.
-Glenn, te pasa algo.
-No, ya salgo Gall.
-Pero Glenn, hace minutos de matabas de dolor y ahora ríes. ¿Pasa algo?
-Ya salgo, ten paciencia.
Gall mira al infinito, y le asaltan dudas. Pero aun así la sigue esperando con paciencia para disfrutar el resto de tarde cara a cara.
Se abre la puerta del baño y un intenso olor a lavanda inunda la sala de estar.
Le encanta el olor, Gall siente una energía correr dentro de su cuerpo. Se extraña, hace tiempo no sentía tal reacción química.
-Estas mejor.
-Si, gracias mi amor, perdona mi impertinencia, solo fue un dolor temporal.
-Seria acaso el pollo. Repuso Gall.
-No, puede ser que necesito reposar.
-Pero te escuche reír en el baño. ¿Estás bien?
-Ah sí. Hoy estás conmigo, quizás estoy nerviosa.
Cuanto quisiera un hombre que me deleite con chistes nuevos. Meditó. Odio las preguntas, me ponen terrible, pero me encanta la comedia. Cuanto daría por reírme hasta orinar.
Y como si sus pensamientos fueran kafkianos que se transforman de la noche a la mañana expresó enérgicamente y con rabia lenta:
-Mierda, espero no llegar a los 30 años sola, para no tener que leer esos tediosos libros de Walter Rizo que solo saben recomendar los psicólogos privados. Prefiero a los chistes a la autoayuda emocional.
Mientras pensaba esto, Gall la miraba con una tranquilidad como de un santo ante un altar. Pasaron la tarde juntos. Disfrutan, se engañan, se aman.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)





0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada